En la sociedad actual debido al aumento de las tecnologías, somos bombardeados continuamente con publicidad y gran parte de ella es publicidad engañosa, por lo que comenzamos a plantearnos la idea de que los más pequeños deberían adquirir capacidades para detectar aquello que es real y diferenciarlo de lo ficticio.
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La publicidad aparte de un consumo directo de los jóvenes que tienen un alto poder adquisitivo, provoca un consumo indirecto por la influencia que causan estos niños en sus padres a la hora de comprar una determinada marca, un determinado juguete, etc; por ello en ocasiones la publicidad aumenta los conflictos entre padres e hijos, ya que se enfrentan los deseos de los niños frente al nivel económico, etc.
Cada vez los niños están expuestos a más publicidad, y además el número de anuncios publicitarios que estos niños ven, va aumentando con su edad.
Aunque lo primero que pensamos cuando hablamos de publicidad es en la televisión, existen otros muchos lugares donde podemos encontrarla como pueden ser las calles, los colegios (máquinas expendedoras, etc.)…

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Si centramos nuestra atención en los anuncios que se dirigen a un público adulto, encontramos mensajes como por ejemplo la idea de que consumir determinado producto nos traerá unas consecuencias maravillosas, pero realmente nosotros sabemos que esto no sucederá, por lo que es mucho más grave si nos centramos en los anuncios infantiles.
Los anuncios infantiles deberían tener en cuenta el desarrollo cognitivo del niño, ya que la publicidad puede provocar los efectos pretendidos pero también otro imprevistos.






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Por ejemplo en los anuncios de juguetes, en numerosas ocasiones aparece una letra pequeña donde se explica que no están incluidos la mitad de los juguetes que aparecen en pantalla (normalmente estos mensajes aparecen de forma neutral para que no nos demos cuenta de ellos), por otro lado podemos observar funciones
que posteriormente el juguete no presenta como por ejemplo cuando aparece un avión volando y realmente ese mismo juguete no tiene esa capacidad. Muchos niños quieren ese juguete debido a que muestra esa característica que no presenta, llevándoles a una posterior decepción. Debemos ayudar a los niños a que esto no suceda, para que de algún modo cuando sean adultos tampoco puedan ser engañados.


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La publicidad además de influir en el consumo, también influye en la nutrición, existen anuncios en los que aparecen niños con un peso y una talla excelentes comiendo todo tipo de bollos, y productos que pueden desencadenar en una obesidad. Además podemos observar un mayor número de niños con sobrepeso en los niños que ven la televisión, pero existen estudios que valoran la posibilidad de que estos niños no sufran obesidad debido a estar expuestos continuamente a los anuncios televisivos, sino que estos niños traigan unos hábitos adquiridos que se basan en el sedentarismo y que por tanto provocan la obesidad, además estos niños que ven la televisión en numerosas ocasiones suelen picar entre horas.


Por todo lo mencionado anteriormente en mi opinión sería interesante educar a los niños para prevenir estos engaños, pienso que una forma de hacerlo sería mostrar a los niños anuncios en el aula y compararlos con los productos reales para que ellos buscasen las diferencias entre ambos, otra forma sería crear un anuncio con su participación que presente estas características para que así, al hacerlo ellos mismos entendiesen que no todo es real, etc.